lunes, 6 de octubre de 2008

Aleksandra "La abuela de todas la guerras"


Carl von Clausewitz el estratega militar prusiano por antonomasia dijo de La guerra: “la guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios.” Nunca sabremos más de la guerra como soldados, pues no lo somos. Sólo sabemos a mi entender que al final no hay ganadores ni vencidos, todo lo contrario: amargura y desolación. Aleksandra es el último ejemplo de una manera de hacer cine desde el corazón, desde los altares del amor y desde la sinfín de la ironia. Yo creo, que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto viendo una película bélica. Riendo, llorando y enamorado de una actriz rusa, hermosa, dura, afable, altanera a ratos y perdida en el infierno del Cáucaso: es la abuela de todos los hijos de la guerra, la gran Galina Vishnevkaya. (una extraordinaria soprano operística, amén de su buen oficio como actriz). Comienza este relato de míradas y silencios. Los Planos largos y la luz de una fotografía saturada y a ratos con un poso a documental de un operador como Alexander Burov, excelente , recordémoslo en “la Noce” de Pavel Lungin. Es el oficio y la maestría de este cineasta del este es que consigue de un personaje triste la mayor de las elegías a la vida. Yo me quedo con el comienzo en destartalado vagón donde van subiendo soldados-todos son niños- exhaustos por el trajín de la guerra. Y comienza el viaje iniciático de esta amazona en un tiovivo de miradas cómplices, turbadoras y hermosas exclama la divina Galina: “vamos soldado arriba ese ánimo, vamos y ese uniforme...” En ese instante, vemos como alucina con uno de los soldados, ya que presenta un porte de padre de familia con cuatro bocas que alimentar -preguntándose interiormente- y ¿éste qué?. Obviamos, todo el deterioro de un país que va de nuevo rico y sus tropas militares son un parvulario dentro de una turnix con un minigeriátrico con uniformes de la antigua URSS. A continuación, el puntazo de la película; llegan a la estación donde la esperan. Todo el mundo conoce a la abuela del capitán Denis y se le espera como a un vip de televisión que va a un reallity show en el Caúcaso.
Ahí, en ese instante entra el plano de los soldados ayudándole a introducirse en el carro -enaguas por delante- oxidado y lleno de mugre. Me acordaba del cochecito de Marco Ferrari y el inolvidable -mejor actor de la historia del cine español-D. José Isbert, para los amigos el gran Pepe Isbert: “No , no, no hace falta yo entro, tranquilo soldado…”Inmensa Galina. Dos escenas más para rematar esta faena que es tan grande como la del maestro de Galapagar en la monumental. Una vez en el polvoriento y esperpéntico cuartel se le acompaña a sus aposentos que son una litera en una rincón de la tienda de campaña que compartirá con su nieto el capitán Denis (Vasily Shevtsov). El encuentro con su nieto es emotivo, bello y mágico. Cómo brillan esos lindísimos ojos azules de la abuela -que no tienen edad- al ver a su único pariente.
La primera, el recorrido junto a su nieto-el capitán-Denis, enseñándole como los soldados llevan a cabo las tareas domésticas castrenses. La mirada de la abuela, atónita casi lisérgica e ingenua viendo cómo los soldados limpian sus armas, obsoletos AK47-posiblemente lo que quizás pongan más amor y entusiasmo que en cualquier otra cosa-, ya que el arsenal ex soviético no da para más. Se instaura el surrealismo y la nostalgia. Y la segunda, el viaje hasta el pueblo destruido de Chechenia. Donde, habla con las vendedoras y compra pequeños encargos a los imberbes soldados del cuartel. Aquí, conoce a una lugareña que vende tabaco y le invita a su casa semiruinosa por los bombardeos; le sugiere que se relaje en su destartalado sofá del calor y la caminata, incluso hablan de pasado cuando los pueblos convivían en paz. Aleksandra no es solo una película actual; es amor a la vida, al cine, al arte, a la juventud, a la senectud. Sokurov, no da la brasa ni es un plasta como lo fue su camarada Tarkovsky, al que muchos críticos lo comparan y establecen paralelismos por su condición de ruso y un gran poeta de las imágenes. Hay muchos tipos de poesía y aquí estamos ante una obra maestra. Yo lo he comprobado: vi como dos “bakalas del tunning” se les caía la baba con esta película y cuando acabo les dije: tenéis dos cervezas pagadas. Les pregunte, que os ha gustado de la peli: la vieja… Jo, no se cortaba ni un duro… No busquemos entelequias ni quimeras intelectuales. Sukorok ha hecho una película tan maravillosa como “Un hombre tranquilo” de Ford o “Una historia verdadera” de Lynch. Dejémonos de lado la nomenclatura “cine de autor”, ya tendremos tiempo de hablar sobre ese tema. Lo dicho, quien no la haya visto: al cine ya. Si está en DVD adelante, véanla y disfruten con lo mejor del año junto “Antes de que el diablo sepa que has muerto” de Sidney Lumet. Qué será mi próxima película a comentar.
J.C. Alonso

1 comentario:

Jordi Sánchez Navarro dijo...

Poco que añadir, Juan Carlos. Como no puedo aún comentar la película y tu crítica es excelente, sólo puedo decir una cosa: gracias por tu generosidad.