domingo, 5 de octubre de 2008

PRODIGIOSAS OBRAS MENORES (JÓVENES PRODIGIOSOS de CURTIS HANSON)

Sentados en la oscuridad del cine, esperamos que se haga la luz, embarcarnos en un viaje visual en el que, por cuestiones de verosimilitud, también esperamos que nos acompañen los sonidos.

Hitchcock explicaba que su trabajo se basaba en hallar una serie de poderosas situaciones visuales con las que, dotándolas de los restantes elementos expresivos, construir la trama/armazón de sus películas. Así el tema planeaba sobre esas visiones y el drama se componía fácilmente a su alrededor.

Cuando existe una descompensación importante entre palabras e imágenes a favor de las primeras parece que algo falla. Cuando nuestros recuerdos de una película tienen más ecos del lenguaje verbal que del visual, podemos irnos olvidando fácilmente de ella, hasta quedarnos con la idea/pensamiento pero sin la película, que acaba por desaparecer de nosotros.

Y algo de esto ocurre con Jóvenes prodigiosos. Con un ingenioso guión y unos diálogos inteligentes y mordaces, adaptados de una novela (¿tendrá algo que ver?), y producida/dirigida por Curtis Hanson inmediatamente después de la contundente L.A. Confidencial (¿será éste el problema?), acaba pareciendo una obra fallida o menor. Las imágenes se recuerdan simplemente correctas, hasta las más elaboradas, y acaban devoradas por sus brillantes recursos verbales, que sostienen el tono inicial (narración) durante toda la película (diálogos), a pesar de que en algunos momentos, muy pocos pero llamativos, parecen no resistirse a beber del sentimentalismo ñoño de otras cintas sobre la iniciación vital/creativa de jóvenes a manos de profesores “excepcionales”, aquí únicamente un elemento más de la representación.

El drama de la película es bien simple y universal. Grady (un insólito Michael Douglas) es un hombre/escritor/profesor “atascado”. No sabe qué hacer con su vida/obra/dedicación y pospone toda decisión, dejándose hacer y siempre acompañado por elementos que le liberen de la presión/dolor (marihuana, codeína). Las circunstancias e incidentes (vidas de un puñado de brillantes personajes/actores con los que interacciona) que se acumulan en un fin de semana en que se celebra un festival literario en la universidad donde da clases de escritura creativa, van a decidir por él y liberarle del ahogo. ¿O es él mismo quien los provoca para evitar responsabilizarse de las únicas elecciones consecuentes?

La reflexión surge siempre de las palabras, que se solapan e imponen a los numerosos aciertos visuales (la pérdida del manuscrito, el invernadero de la rectora, el viaje del cadáver de un perro…) y al sugerente tratamiento del marco espacial (Pittsburg, permanentemente lluviosa y en decadencia industrial) y temporal (la música de Dylan y otros “jóvenes prodigiosos” que no pierden su lugar al reinventarse constantemente).

Y sin embargo, en su conjunto de aciertos y defectos, Jóvenes prodigiosos es una obra entrañable, nada pedante a pesar de centrarse en una élite intelectual, libre (el primer producto de Hollywood que trata una relación homosexual aparentemente conflictiva sin juicios ni justificaciones), vitalista, extravagante y lista al mostrar lo saludable que puede resultar reírse de uno mismo.

Es posible que sean esas obras menores, fallidas por su descompensación, las que, a nuestro pesar, más puedan influir en nosotros. Es posible que tuviera razón François Mauriac, un autor al que su academicismo y posicionamiento político han devaluado sus obras, las han “minorizado”; cuando, en El desierto del amor, intuía que no son aquellos a los que más hemos amado sino los que nos han querido pero no hemos podido corresponder, los personajes que más huella dejan en nuestras vidas. Yo no sé bien porqué, quizá porque desde su saberse “pequeña” no reclama admiración sino que ofrece refugio, pero estoy seguro de que esta película nos quiere. A todos, bien y mucho.

2 comentarios:

J.C.Alonso dijo...

Extraordinaria "minijoya" para encuadernar en la estantería -que tiene uno- de los pequeños trofeos, de cuando fuimos unos "pitus" de pantalones cortos. Un impagable Michael Douglas-nunca ha estado mejor desde Wall Street-hace buena la dicha "de casta le viene al galgo". Lo mejor de Mr.Hanson con "L.A. Confidential" y la inquietante "Malas influencias".La banda sonora, en fin, un lujo. Magnífica elección, amigo Fernando. Saludos

Jordi Sánchez Navarro dijo...

Espectacular crítica para una película incluso más reivindicable de lo que parece.