miércoles, 19 de noviembre de 2008

¡Viajeros al tren!

Tomen asiento y pónganse cómodos

Un buen reparto y un director conocido tras éxitos como “El maquinista” no garantizan a nadie el ver una buena película. Brad Anderson dirige un libreto de viaje, Transsiberian, contando con el reclamo de Woody Harrelson y proyectando a Eduardo Noriega en el panorama internacional.

A los amantes del tren y los enamorados de la gran nación rusa verán en el film un descafeínado thriller lleno de clichés y estereotipos sobre dos naciones tan dispares como Rusia y Estados Unidos. Los rusos serán otra vez más los malos malísimos, que engañan a una pareja de inocentes americanos (Woody Harrelson y Emily Mortimer) que desean viajar de China a Moscú en el mítico tren. En el tren conocerán a otra pareja, formada por Noriega, de origen español también en la ficción y la pelirroja Kate Mara que viajan sin motivo aparente. Los inocentes americanos pertenecen a una organización internacional que se da cita en China y deciden regresar desde Moscú y pasar unos días de relax a bordo de tan exótico como caduco tren. Aquí reside una de las primeras “incongruencias fílmicas”: tan “tontones” no serán cuando se supone que están acostumbrados a ver mundo. Por no desvelar el papel de "el español" y su ingenua acompañante... Abreviando: los personajes carecen de swing. Son simples a primera vista y los enredan a medio gas. No acaban de convencer.

Otro de los puntos flacos del film es el desenlace de la historia. Si no sabían como acabarla, gastar el presupuesto en trenes, no la considero la mejor opción. Drogas, mafias, asesinatos, personal del tren con extraños caracteres son algunos de los ingredientes de esta película que no acaba de estar al dente.

Quizás lo mejor de los 111 minutos de metraje es ver dos jóvenes guapos y paisajes siberanios increíbles. Y reafirmar que los tópicos son tan típicos que resultan poco convincentes y cansinos.


1 comentario:

Carme Puche dijo...

Jo no he vist la peli, però només dues dades curioses que vaig sentir al metro l'altre dia (sí, poc fiable, si vols). Una senyora d'uns seixanta llargs anys l'havia vist i deia que en Manel (que havia viatjat en el mític tren) li havia dit que allà no deixaven fumar ni de conya, i que a la pel·li deixen fumar... En canvi, es veu que una senyora que surt cridant als passatgers (ja us dic, encara no l'he vist) era ben bé com a la realitat. Bé... converses de metro, m'ha semblat que l'anècdota valia la pena...