viernes, 5 de diciembre de 2008

La Caza. Aquellos maravillosos años. ¿Cineastas cazadores o cazadores cazados?


La década de los sesenta fue una fiesta cinematográfica en Europa. El auge de los nuevos cines (o "nuevas olas", como se prefiera) fue simplemente aplastante, avasallador en su ruptura, deslumbrante en su inteligente atrevimiento. La revolución narrativa y estética experimentada por el cine también tuvo una gran significación en la industria de cine española, donde incluso se vio apoyada por un ligero cambio en el apoyo del régimen franquista —con el nombramiento de J.M. García Escudero como director general de Cinematografía y Teatro—, pese a que seguía inamovible la Junta de Clasificación y Censura de Películas. El conocido como Nuevo Cine Español (NCE) siempre se ha hallado por detrás de las olas francesas, italianas, inglesas y alemanas, pues pese a la importancia que tuvo en su momento, pocas huellas reconocibles han perdurado en la evolución histórica del cine español, incluso dentro de las filmografías de los propios realizadores que lo conformaron.
La lista de realizadores es larga si aunamos tanto al grupo que surgió de las Conversaciones de Salamanca de 1955 (Saura, Patino, Regueiro, Gutiérrez Aragón...), con la Escuela de Barcelona (Jordà, Esteva, Portabella...) e, incluso, los realizadores experimentales vascos (Aguirre, Sistiaga); pero sería más inteligente resaltar los realizadores que conformarían el grupo más potente de la época, la verdadera "nueva ola" española: Carlos Saura, Basilio Martín Patino, Joaquim Jordà, Jorge Grau y Antonio Eceiza.
Parece mentira que esto llegó existir y hubieran tan gloriosas añadas, a día de hoy añoradas. Es más, el maestro Juan Antonio Bardem dijo esto por aquel entonces: “El cine español actual es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico.” Algo de visionario o agorero avanzado se denotaba en aquella contundente máxima. El aviso de una realidad muy cercana a la que estamos viendo día a día.
Volvamos un poco a la protohistoria de las grandes cosechas que tuvimos; se podría tomar como pistoletzo de salida tres obras claves de la cinematografía española: Viridiana (1961. Luis Buñuel), Plácido (1961. Luis García Berlanga) y Los golfos (1960. Carlos Saura); estas dos últimas, claras herencias del neorrealismo de Rossellini y De Sica, territorio afín al guionista Rafael Azcona, que además de Plácido, escribiría buena parte de las películas claves de la época: El pisito (1959) y El cochecito (1960), ambas de Marco Ferreri, El verdugo (1963. Luis García Berlanga), Peppermint Frappé (1967. Carlos Saura), Los desafíos (1969. Azcona, Egea, Guerín y Erice)...
Y entramos en la caza, la caza de todas las cacerías. Como dijo S. Zunzunegui «La caza supondrá su tercer (y por mucho tiempo último) paseo por los difíciles caminos del "realismo", aunque estemos ya en un "realismo" profundamente teñido de "simbolismo"» de C.Saura.
La caza es una película extraordinaria, talentosa y portensosa. Cuatro personajes (Paco, Luis, José y Enrique, éste, yerno del primero) bajo un sol abrasador entregados a la caza del conejo —título preliminar de la película que la censura recortó a su título definitivo— que acabará deviniendo en "la caza del hombre", la mejor caza, en palabras de Luis (José María Prada), el cazador hedonista, entregado a la bebida y a la literatura de ciencia-ficción como medio de supervivencia. La reunión de estos tres amigos de juventud (el cuarto, sin estar presente físicamente —suicidio de por medio—, lo está a un nivel psicológico, como una verdadera carga sobre unos personajes que no son ni meros reflejos de lo que fueron en el pasado),
a los que se les une el joven Enrique (Emilio Gutiérrez Caba), por momentos, el testimonio del espectador dentro del film, mientas va retratando con su cámara fragmentos de la evolución del catártico día de caza, en realidad, una mera excusa de José (Ismael Merlo), el cazador mentiroso, canalla y más perturbado del grupo, para pedir un préstamo a Paco (Alfredo Mayo), el cazador soberbio, autoritario y despiadado, que tanto desprecia al tullido campesino que cuida las tierras de José, como a su propio amigo cuando se rebaja a pedirle dinero.
Hay en La caza mucho de Chabrol y Godard, en especial en el ritmo narrativo y los trucajes fílmicos empleados: movimientos bruscos de cámara, diálogos en primer plano como monólogos (extrayendo dobles y terribles significados a cada comentario), exteriorización del pensamiento de los personajes (con apuntillamientos finales igual de destructrores)... y sobre todo, un retrato de lo que existe entre los personajes, más que los personajes mismos (por citar a Godard a través de Belmondo en Pierrot, le fou (1965). ¡Y sin olvidarnos de Buñuel! (ese maniquí, ese cadáver vencido...), firme defensor de la película, excepto por la masacre de conejos realizada (sic).
La caza no es caso de cine político prístino, puesto que no es posible identificar claramente su partidismo positivo. Esto no quiere decir que la película deje de ser partidaria, pero debido a su año de realización (1965) las tesis «izquierdistas» no podrían haber sido expuestas de un modo nítido. Por eso, C. Saura escoge dar un rodeo estético (y hay que admitir que se trata de un brillante rodeo), principalmente a través de metáforas visuales y de un escenario simbólico en el que poder disolver su crítica de la sociedad española de posguerra. Durante la «última cena» antes de la catástrofe, mientras la partida de cazadores come conejo y pimientos, uno de los personajes dice: «Llegará un día en que los conejos se coman al género humano nos invadirán y formaran una nueva civilizaciones y como son más pequeños que nosotros habrá lugar para todos y la lucha de clases desaparecerá y no habrá más envidia y así se arreglara el mundo. Pero antes sostendrán una gran guerra con las ratas.»
El escenario simbólico es un coto de caza soleado, semidesértico, habitado principalmente por conejos y animales reptantes. Ahí se dirige una partida de cazadores desde la ciudad, llevando consigo los fracasos de su vida personal.
Cabe destacar el asfixiante (y fascinante) sensualismo que Saura y Luis Cuadrado imprimen en el film. Esto, sin embargo, no es un recurso estético gratuito, sino que está al servicio del naturalismo y «etologismo» de la obra. Por otra parte, se trata de un «etologismo» (estudio del comportamiento animal) más bien metafórico, ya que la película incorpora el punto de vista subjetivo de los personajes, focalizándose en los pensamientos de los personajes que harán más comprensible la escalada de violencia al espectador.
El film de Saura es demoledor en su retrato del ser humano, por encima de cualquier tipo de localismo, condición social y/o etapa histórica. Cuando uno ve La caza está asistiendo a una crónica de la destrucción humana.
La caza funge así como metáfora de la guerra («La mejor caza es la caza del hombre»), no únicamente de la dominación de la naturaleza por el hombre, sino de la dominación entre clases, de la razón objetiva que descubre al ser humano desde el punto de mira de un fusil. Todavía cuando vuelvo a visionarla me pregunto que si el cazador C. Saura ha sido cazado por su propia trampa: la soberbia de un gran cazador de otra época, o encontró en el neolítico el acomodo de los recolectores.

5 comentarios:

NANDO BERMEJO dijo...

Peliculón, sí señor. Igual te parece un poco osado, pero creo que, al margen de su evidente simbolismo, la calma tensa que plantea el film de Saura (que es de 65, no lo olvidemos) se anticipa al de películas como Perros de paja (Peckinpah, 1971) o A quemarropa (John Boorman, 1967).

Vi la peli durante mis años universitarios en la facultad de Historia y me fascinó. Tu crítica me ha dado ganas revisarla, gracias. En aquel entonces, La caza tb me confirmó la ineptitud de los censores franquistas, más preocupados en cubrir las carnes de las actrices que en vigilar que les colaran "golazos" como los que marcaban Bardem, Berlanga y Saura (por deajo de las piernas del portero y en el tiempo de descuento, jejeje).

Saludos!!!!!!

J.C.Alonso dijo...

Querido Nando; es increíble, yo la he revisado y no sé qué demonios ni qué coño ha pasado con cineastas de esta enjundia. Qué Saura es más joven que el difunto R.Altman y mira que trayectoria la del de Missouri hasta que se lo llevo el final de vida. Qué el Sr. Saura se haya travestido con las pirulas "balletisticas" del Sr. Storaro; es tremeno. No entiendo lo que pasa con el cine español, apenas, lo veo,lo sigo-el actual-es deplorable, con un poso a institucionalidad políticamente correcta. No veo, esa rebeldia de antaño.Me pregunto, amigo mío, qué tiene que pasar para ver una película mediodecente...Uf!, Mira la última película que ví con cierta inquietud y me pareció correcta, fue la de G. Aragón, "Todos estamos invitados" y poco más, justita. Es muy triste, lamentable y penoso lo de el cine en este país. Y referente al gran Peckinpah, sí es osado pero no te vas muy lejos, vamos como que el gran Sam, apuesto, que vió la Caza. Un abrazo, J.C.A

NANDO BERMEJO dijo...

Pues sí, salvo Cesc Gay (Ficció y En la ciudad son de lo mejorcito en Cine intimista que he visto últimamente) y Jaime Rosales (lo digo por La Soledad, pq Tiro en la cabeza, pese a su osadía formal, me parece totalmente fallida), no ha habido ningún director español capaz de generarme el menor interés. Tb REC de Balagueró me pareció una buena película de género, a la par que atrevida propuesta en lo que a puesta en escena.

No pierdas la Fe!!!! Tu paisano Berlanga todavía esta vivo!!!! Como a sus 87 años se le gire la chaveta, es capaz de volver al ruedo a darles sopas con honda a todos esos directores que tanto nos decepcionan. Jejeje. ;p

Un saludo!!!!!

Joan Batlle dijo...

bien hecho amigo. La caza es para mi gusto la mejor pelicula de Saura, nunca volvió a llegar a esos niveles, desde luego. En cuanto al cine español, pues el llamado institucional es un completo desastre. Es patético que gente como Erice no pueda filmar nada y no creo que ya lo consiga. Solamente gente como Lacuesta,Serra, Guerin o el propio Rosales son capaces de aportar algo de frescura en este páramo de ideas en la que se ha convertido el cine de este pais..
saludos y buen puente.y cine..:)

J.C.Alonso dijo...

Querido Joan; me alegro muchísimo que te haya gustado la crítica de la Caza-que tiempos aquellos y que huevos le ponía la gente-del Sr. Saura. A veces, amigo mío,me pregunto cómo se llegó a maquinar tan espléndido guión, tan milimétrica fotografía, enormes actores;el gran Alfredo Mayo(denostado y maltratado por aquello de "A mi la legión", me recuerda la mala baba de llamarle como a John Wayne o Charlton Heston fascistas)país de rencores, de pasiones espurias, y atribulados indigentes intelectuales.Me emociono, cuando veo a Querejeta en la producción-qué huevos-al final diremos aquello tan bello de Corman McCarthy "No es país para viejos",metáfora de desterrados que no tienen sitio en este mundo acomodado y ahí me veo como el enorme Tommy Lee Jones. Y respecto a mi cine: el de la piel de toro.Vamos... Como el huraño germano Mr. Schuster; lo veo muy feo pero que muy chungo. Un abrazo, Joan y recuerdos para el Sr. Bermejo