domingo, 14 de diciembre de 2008

LOS 400 GOLPES: UNA MIRADA VALE MÁS QUE MIL PALABRAS

Los 400 golpes es una historia sobre la alienación de un adolescente, sin ir más lejos, el alter ego de su director, François Truffaut. Fue la primera de una serie de películas que realizó Truffaut sobre Antoine Doinel, siguiendo el curso de su vida: de la infancia a la madurez. Truffaut trabajó con el mismo actor en toda la serie. Excelente elección ya que el trabajo del protagonista, sin duda, es uno de los éxitos de la película. El cineasta francés realiza un retrato sentimental de la infancia de Doniel, un niño independiente y rebelde. Es justamente en este retrato donde se refleja el propio director y se refleja el referente autobiográfico. La puesta en escena transparente es lo que le da veracidad al film, ya que lo que realmente importa son los movimientos de los personajes. La fotografía fría y neutral es otro de los logros de la película ya que enfatiza la presencia de la ciudad y las calles. Por supuesto, no hay que olvidar el repertorio de sonidos urbanos que se nos presenta y que remarca esa veracidad. Truffaut se hace amante en este film del uso del travelling y los encuadres de cámara dinámicos. Las panorámicas, la presencia de determinadas secuencias, de marcado subjetivismo donde hace uso de la cámara en mano, también son constantes en el film. En cuanto a la trama, “Los 400 golpes” han pasado a la historia, entre otros aspectos, por el reflejo y la critica que hace Truffaut mediante el audiovisual de la clase francesa de la época en su máximo exponente de mediocridad.

Hoy en día, la mayoría de las películas que se hacen pasan desapercibidas o envejecen creando desinterés por ellas en las nuevas generaciones. Truffaut, en 1959 consiguió que el film de “Los 400 golpes” no envejeciera y fuese un constante misterio gracias a los valores de referencia que transmite y al suspense que crea mediante secretos que no se nos acaban de revelar y que atrapan al espectador hasta el último fotograma. La película finaliza con la mirada fija del protagonista en el objetivo de la cámara, reafirmando, una vez más, la gran habilidad del director por transmitir sentimientos y mensajes al espectador. Ya lo dicen, vale más un gesto que mil palabras. En este caso, una mirada vale más que cualquier diálogo.

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